Cada estudiante aprende de forma distinta. Mientras algunos necesitan silencio y estructura, otros rinden mejor con esquemas visuales o explicando en voz alta. Por eso, conocer diferentes métodos de estudio es clave para mejorar la comprensión, la memoria y el rendimiento académico.
Uno de los métodos más populares es el Pomodoro, ideal para quienes se distraen con facilidad. Consiste en estudiar durante períodos cortos y concentrados, alternados con descansos breves, lo que ayuda a mantener la atención y evitar el agotamiento mental.
Otro método muy útil es la técnica Feynman, enfocada en comprender profundamente los temas. Esta estrategia invita a explicar el contenido con palabras simples, como si se lo enseñaras a alguien más, lo que permite identificar vacíos de conocimiento y reforzarlos.
El método Cornell es ampliamente usado para tomar apuntes organizados, dividiendo la hoja en secciones que facilitan el repaso y la síntesis de la información. Por su parte, los mapas mentales son ideales para estudiantes visuales, ya que permiten relacionar ideas de manera gráfica y creativa.
No existe un único método perfecto. La clave está en probar diferentes técnicas y adaptar las que mejor se ajusten a tu estilo de aprendizaje y a cada asignatura.